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Benedicto XVI

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Quien no logra donar un poco de sí mismo, dona siempre demasiado poco. 

(Audiencia General, 9 de enero de 2013)

 

Una unidad verdadera nunca puede estar fundada sobre relaciones que nieguen la igual dignidad de las demás personas.

(Discurso con ocasión de la vigilia con los jóvenes, Hipódromo de Randwick, Sydney, Australia, 19 de julio de 2008)

 

La limosna nos ayuda a vencer esta constante tentación, educándonos a socorrer al prójimo en sus necesidades y a compartir con los demás lo que poseemos por bondad divina.

(Mensaje para la Cuaresma de 2008)

 

El “Óbolo de San Pedro” es la expresión más típica de la participación de todos los fieles en las iniciativas del Obispo de Roma en beneficio de la Iglesia universal. Es un gesto que no solo tiene valor práctico, sino también fuertemente simbólico, como signo de comunión con el Papa y de solicitud por las necesidades de los hermanos. 

(Discurso a los socios del Círculo de San Pedro, 25 de febrero de 2006)

 

El programa del cristiano —el programa del buen Samaritano, el programa de Jesús— es un ‘corazón que ve’. Este corazón ve dónde se necesita amor y actúa en consecuencia.

(Carta encíclica Deus Caritas est, 31)

 

La Iglesia nunca puede sentirse dispensada del ejercicio de la caridad como actividad organizada de los creyentes y, por otro lado, nunca habrá una situación en las que no haga falta la caridad de cada cristiano individualmente, porque el hombre, más allá de la justicia, tiene y tendrá siempre necesidad de amor.

(Carta encíclica Deus Caritas est, 29)