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Historia del Óbolo de San Pedro

La participación concreta en las necesidades de la comunidad eclesial más amplia ha adoptado diversas formas a lo largo de la historia, a través de colectas y donaciones de fieles individuales o de Iglesias locales enteras.

Una práctica que tiene su origen en las Sagradas Escrituras

Jesús, en su vida pública dedicada al anuncio de la Buena Nueva, aceptó ayudas materiales para mantenerse junto con el grupo de los doce apóstoles (Lc 8, 1-3). Con esas ayudas se socorría también a los más necesitados (Jn 12, 4-7). En los viajes apostólicos de san Pablo, el donar y el compartir constituyeron, desde el principio, dos de los temas de su predicación, en la que invitaba a la colecta en favor de la Iglesia Madre de Jerusalén (cf. Rom 15, 25-28; 1 Cor 16, 1-4).

Esta participación concreta en las necesidades de la comunidad ha adoptado diversas formas a lo largo de la historia, haciendo surgir la conciencia de que todos los bautizados están llamados a apoyar, según sus posibilidades, la obra de evangelización y, al mismo tiempo, a socorrer a los más necesitados en cualquier parte del mundo.

En el camino de la Iglesia

El Óbolo, como ofrenda al Sucesor de Pedro, se desarrolló en el siglo VII con la conversión de los anglosajones, quienes, al haber sido evangelizados por los misioneros enviados desde Roma, sentían un fuerte vínculo de devoción hacia el Santo Padre y comenzaron a peregrinar a la sede del Sucesor de Pedro. Allí surgió la Schola Saxonum, una especie de casa del peregrino destinada a la asistencia espiritual y material de estos viajeros. Para el mantenimiento de dicha institución, los soberanos sajones establecieron una colecta que, según las primeras leyes del siglo XI, se recaudaba por unidad familiar, en los días de la festividad de Pedro y Pablo, y luego se entregaba al Papa, quien la repartía a partes iguales entre la Santa Sede y la Schola. En los siglos siguientes, con la conversión al cristianismo de otros pueblos europeos, se fue transformando cada vez más en una contribución de devoción, una expresión de unidad y corresponsabilidad en la Iglesia.

 

En la época moderna

En la época moderna, con el fin del Estado Pontificio (1870), se rompió, en varios países, el vínculo con la Santa Sede que representaba el Óbolo de los pueblos cristianos. La crisis que se derivó de estos acontecimientos supuso una gran ruptura con el pasado, lo que hizo que también el Óbolo de San Pedro adquiriera un significado totalmente nuevo, que se ha transmitido hasta nuestros días. En Europa y en ultramar surgió un movimiento espontáneo de católicos cuyo objetivo consistía en ofrecer ayuda material al Santo Padre. La cálida respuesta de los católicos fue, de hecho, un gran estímulo para el Papa, quien, gracias a esas ayudas, logró destinar parte del Óbolo también al cuidado de los más necesitados (por ejemplo, tras el desastroso terremoto de Croacia en 1881), expresando así la preocupación de un padre hacia sus hijos: recibe para dar, y para dar a quienes en ese momento más lo necesitan.