La participación concreta, también económica, en las necesidades de la comunidad eclesial más amplia ha tomado diversas formas a lo largo de la historia, a través de colectas y donaciones de fieles individuales o de iglesias locales completas, con la conciencia de que todos los bautizados están llamados a sostener, incluso materialmente con aquello que se pueda, la obra de evangelización y, al mismo tiempo, a socorrer a los pobres.

POCO O MUCHO, NO IMPORTA.
DONAR ES UNA ALEGRÍA